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Hojas por montones (primera entrega)

  • elartedeescribir20
  • 8 jul 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 15 jul 2021

Autora e ilustradora: Ayu V. Gómez.



  1. El Bosque Dorado

En un pueblito llamado Elder Valle vivían tres niños: Amalia, Arturo y Carolina. Ellos eran compañeros de clase y amigos inseparables. Los tres coleccionaban hojas de árboles: Amalia las colocaba en un viejo diccionario que le había regalado su padre, Luis. Ella cortaba dos hojas por cada cuatro páginas, lo que, según había calculado, era el peso de una hoja, para que no se llenara demasiado. Arturo las ponía en álbumes de fotos con anillos. Su papá, extrañamente, se sabía los nombres de todos los árboles, así que el chico se los ponía debajo a sus hojas tras ponerlas en sus cuadernos de anillos. Carolina las ponía en sus libros de cuentos, y era un poco descuidada con ese tema.

Un día, los tres chicos se sentaron en la sala comedor de la casa de Amalia a ordenar hojas recién recogidas.

La sala-comedor de la casa de Amalia tenía las paredes verdes, el piso de madera con una enorme alfombra de ajedrez que lo cubría casi todo, en el medio tenía una mesita con un arreglo de flores, un tarro de bombones y los juguetes de Gabriel casi siempre regados. Alrededor de la mesa había dos sillas mecedoras, un sofá y un taburete pequeños, al lado izquierdo de la silla que estaba al lado del corredor, había un enorme y muy viejo equipo de sonido, y al lado derecho, muy cerca de las escaleras, había una estantería de madera con una colección de maquetas de casas de porcelana del papá y una colección de estampas chinas, de la mamá. Al lado de esa estantería, había otra más pequeña, también de madera, con los juguetes de Gabriel y los libros de Amalia, además del diccionario especial lleno de hojas. Un poco más allá estaba el comedor, de madera pintada de azul, sillas azules con detalles blancos, individuales de tela rojos con flores de diferentes colores y unas flores chinas en el centro. Las ventanas tenían un ligero color rojo y eran de vidrio con cortinas violetas.

El padre de Amalia se asomó a la sala y les dijo:

⎯Más tarde les preparo algo, ¿bueno?

⎯Bueno papá ⎯dijo Amalia.

Estaba muy concentrada comparando dos hojas casi iguales.

⎯Está bien, Caro. Te regalo esta ⎯dijo al fin Amalia, mientras le entregaba a su amiga una hoja color castaño.

⎯Gracias, ¡Lía! ⎯dijo Carolina usando el apodo por el que llamaban a Amalia.

⎯Oigan, chicas: miren esta hoja ⎯interrumpió Arturo. ⎯Es muy bonita.

⎯¡Ohhhh! ⎯Las chicas se quedaron sin palabras.

⎯Es… es… ¡increíble! ⎯gritó Amalia.

⎯Oigan, chicos, díganme que van a limpiar este desastre cuando terminen ⎯dijo una voz conocida.

Los chicos se voltearon y se encontraron con Natalia, la madre de Amalia, que tenía en brazos a Gabriel, el hermano pequeño de Amalia.

⎯Claro, mamá ⎯dijo Amalia, sin ponerle mucho cuidado, y de inmediato se volteó hacia Arturo:

⎯Te doy tres… No, cuatro hojas por esa…

Arturo dudó y luego se la dio.

⎯¡Gracias Artu! -Amalia abrazó a su amigo y le dedicó una sonrisa radiante.

⎯De nada Lía… Cuídala bien, es la hoja más preciada que he tenido en mis manos… en toda mi vida ⎯dijo Arturo abriendo los ojos.

⎯Bah, ¡Artu! No exageres… ⎯dijo Carolina, un poco decepcionada de no haber sido tan rápida para pedirle la hoja a Arturo.

⎯Caro, sabes muy bien que piensas lo mismo ⎯dijo Arturo, reprobándola con la mirada.

Carolina hizo como si no hubiese oído nada y alzó la cabeza, altiva. Amalia se rio brevemente.

⎯Como recompensa, te diré donde la encontré ⎯dijo Arturo, intentando animar a su amiga. ⎯Fue en el Bosque Dorado ⎯añadió tras dudar un poco.

Carolina y Amalia abrieron los ojos y la boca.

⎯¡Artu! ¿Fuiste al Bosque Dorado? ⎯gritaron las dos chicas a la vez.

⎯¿El Bosque Dorado? ⎯gritaron también Luis y Natalia desde afuera.

⎯¡Boque Dodado! ⎯rió Gabriel, sin entender la seriedad del asunto.

Arturo los miró a todos algo extrañado.

⎯Sí, sí fui al Bosque Dorado. ¿Por qué todos parecen tan sorprendidos? ⎯miró a Gabriel de reojo. ⎯Bueno, casi todos – recalcó.

⎯Pueeees… en resumen… ¡El Bosque Dorado es el bosque de Las Dos Dríades! Y, según el cuento, se ponen muy furiosas si alguien saca algo que no es suyo ⎯dijo Amalia, un poco más calmada.

⎯¿¿¿Cuento??? ⎯Arturo no entendía nada en absoluto. ⎯¿Cuál cuento?

⎯¿Tus papás nunca te lo contaron? ⎯preguntó Carolina, cada vez más sorprendida.

⎯No, que yo recuerde, no ⎯contestó Arturo, desorientado.

Todos se dieron un golpe en la cabeza, incluso Gabriel, que creyó que todo era un juego.

⎯¿No me lo pueden contar ustedes? ⎯preguntó Arturo, esperanzado de entender la situación. Natalia y Luis se miraron.

⎯No, Arturito, te lo deben contar tus padres, es un cuento que se pasa de padres y madres a hijos e hijas. Así que, esta noche, debes preguntarles por ese cuento, se llama “Las dos Dríades y el Bosque Dorado”.

⎯Bien… muchas gracias por la información… ⎯dijo Arturo, algo triste de que sus padres no le hubieran contado nada de nada de ese especial cuento.

Si quieres saber cómo continúa esta interesante historia escrita por Ayu, suscríbete a nuestro blog y te contaremos cuándo publicaremos la segunda entrega...

 
 
 

2 comentarios


Ana María Naia Gómez-Sánchez
Ana María Naia Gómez-Sánchez
22 sept 2021

Oh!!!!

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Alejandra Rodriguez Hernandez
Alejandra Rodriguez Hernandez
17 jul 2021

Ayu, que linda historia me motivas para cumplir uno de mis sueños. Escribir, te confieso que hace un tiempo le tenia miedo a escribir, pero leyendote me inspiras para poder hacerlo. Sigue inspirandonos con tus grandes historias. Quedo pendiente de la segunda entrega. Te felicito.

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