Aprender al enseñar
- elartedeescribir20
- 26 nov 2021
- 3 Min. de lectura
Por : Juan Camilo Tamayo

Recuerdo aquel día cuando regresando de un entrenamiento de basquetbol con mi papá en el carro, le pregunté cómo había sido su vida de pequeño y de esa simple pregunta nació una gran historia que sentí que se podría contar. Al principio lo vi como un viaje en el tiempo, a lo que él hacía a los 10 años para divertirse o entretenerse. Todas esas historias me sorprendieron y gustaron.
Cuando mi papá era pequeño vivía en un conjunto en Bogotá llamado Nueva Granada, unas torres de edificios donde todos los niños eran amigos. En esa época no había todas las cosas que hay actualmente para divertirse, aun así, era más seguro. Mi padre y todos sus amigos (que eran bastantes), salían a jugar escondidas, futbol o diferentes juegos.
Mi padre estudió en el Colegio Patria, es un colegio de los Liceos del Ejército para los hijos de los militares. La clase favorita de mi papá era historia. A mi papá le gustaba porque los profesores le contaban la historia como si fuera una historieta. Eso lo formó como persona; cada vez que él me explica cosas de cualquier tema me hace reír, y termino entendiendo a veces mejor que en clase.
Mi papá es una persona amistosa con la que da gusto hablar; veía programas como tierra de gigantes, Mazinger Z, Centella, etc. Sin importar todos los programas que veía el que más le gustaba de todos era Los Magníficos, él lo describe como si se paralizara el planeta y solo estuvieran él y la pantalla. Los videojuegos para él fueron una experiencia por la que le tocó esperar un poco, ya que cuando los probó tenía 11 años y fue donde un amigo.
Mi papá me ha enseñado tantas cosas que, si tuviera que escribirlas acabaría con el 90% del papel del planeta, y en este proceso entendí que mi papá ha aprendido enseñándome. ¿Cómo lo entendí?, puedo decir que cada vez que él me explica algo, al día siguiente hablamos de forma distinta. Él aprende a hablar conmigo, nos comunicamos mejor y éste es un ejemplo de cómo la relación familiar puede mejorar, con algo tan simple como la ayuda en un ejercicio de matemáticas.
Reflexionando en cómo se sentiría enseñar, pensé en todos los profesores maravillosos que he tenido a lo largo de mi vida (entre esos profesores está mi padre); me pregunté cuál es la razón que tienen los profesores de vida para enseñar. Comencé a idear respuestas de por qué esto ocurre, pero no obtuve respuesta; hasta que pensé en la causa y el efecto y especulé cuál sería la recompensa de aquellas personas. Así llegué a una conclusión: al enseñar aprendes más.
Se que puede sonar un poco extraño, pero es cierto, usemos un ejemplo cercano, las personas a las que les he enseñado algo en mi vida son: mi hermana, mi papá, mi abuelita y mi abuelito. A mi hermana le enseñe a cantar una canción. ¿Qué me enseñó ella?: que los pequeños pueden hacer grandes cosas y que, si los amamos, en el futuro podrían llegar a ser grandes personas.
A mis abuelos y a mi papá les he enseñado cosas sobre la tecnología, ¿Qué he aprendido de esto?: que aprender no tiene ningún parámetro. ¿A qué me refiero? Cualquiera puede aprender cualquier cosa, sin importar la situación económica o la edad.
¿Por qué enseñar es tan maravilloso? Aparte de lo que se aprende, al enseñar puedes conocer gente increíble, hacer amigos y sobre todo evolucionar con tu personalidad. Además, enseñar es uno de los mejores métodos para memorizar cosas. Está científicamente comprobado: para enseñar se necesitan habilidades que se pueden desarrollar con el tiempo, como la paciencia y el cariño.
Quiero invitarlos a que comiencen a enseñar a otras personas y a verlo como una forma de aprendizaje. Y una última cosa que me gustaría recomendarles es que mejoren su relación familiar, pregúntenle a sus padre sobre su niñez, aprendan de ellos al mismo tiempo que les enseñan, ya que una familia unida es más fuerte que cualquier cosa.



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