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Insomnio

  • elartedeescribir20
  • 8 jul 2021
  • 4 Min. de lectura

Actualizado: 15 jul 2021

Autor : Nicolás David Molano


¿Está encendido?... ¿Hola? 1,2,3… Mi nombre es Adriel… Dejo esta nota de voz en una grabadora Sony TCM150… Esta es mi prueba en el caso O’Brien… Lo que menos quiero es que se esfuercen en encontrar un criminal que no existe y generar pánico y lástima por este imbécil… Lamento mi voz tan ronca, ayer me drogué tanto como para sedar tres caballos. Aún así todo lo que diré será exacto, no olvido, no olvido nada… Para iniciar, me gustaría aclarar que padezco una enfermedad, no de tipo mental, esas llegaron después ¡Já!... Sufro de hipertimesia desde los doce años. Mi cerebro no es capaz de seleccionar y clasificar información como todo el mundo. Recuerdo absolutamente todo, desde libros enteros hasta los diálogos exactos de películas que he visto. Muchos creerán que es una habilidad sorprendente, pero en realidad no sirve mucho más que para demostrar que la escuela es pura memorización (siempre fui el mejor en mi clase), y que la vida tiene más momentos malos que buenos… Para ser honesto, no sé dónde empezó toda esta locura… Supongo que cuando me enlisté voluntariamente en C.H.A.O.S, justo después de que nuestro país le vendiera a los alemanes nuestras últimas reservas de petróleo y comenzara La Gran Crisis de petróleo. Mis padres estuvieron de acuerdo. Prefirieron que me fuera con los revolucionarios antes que muriera de hambre… Papá, a pesar de todo, se mantenía elegante con su larga y pesada gabardina, su sombrero negro y sus zapatos brillantes y desgastados en la punta… Mamá… Mamá… Ella… Estaba hermosa ese día… Como nunca… Con su vestido rojo y sus aretes plateados que reflejaban en todas direcciones cualquier luz que se atravesará, con un pañuelo blanco que consiguió en una tienda de segunda mano y que llevaba siempre como si fuera un amuleto… Me subieron a un viejo camión con reclutas que, por distintas razones, compartían la misma desgracia que yo, un destino compartido que determinaba que no volviéramos a ver a ninguno de los que nos despidieron ese día…

C.H.A.O.S, o simplemente el Grupo de la Revuelta, me asignó en la subdivisión de Horus gracias a mi habilidad. Mi trabajo era sencillo: infiltrarme en las empresas alemanas y extraer de ellas toda la información posible… Fue sencillo entrar. Charles O´Brien, uno de los principales líderes, necesitaba un espía entre las grandes empresas y me escogió entre un grupo selectos de jóvenes debido a mi memoria… Los códigos eran secretos… Seguro protegían información sobre sus finanzas o sobre activos valiosos… En todo caso, información que no podía caer en manos de cualquiera, demasiado valiosa para confiarla a una hoja de papel, ya que podían robarla o hackearla en caso de encriptarla en un archivo electrónico… Además nadie sospecharía de un niño de 16 años en un mundo de adultos… Así que luego de recibir el código tenía que ir a la siguiente empresa y contactar al codificador, quien tenía un diccionario único que traducía la secuencia de números que debían descifrarse. En realidad, nunca me importó esto, mi misión era otra Miraba caras, placas de carros, movimientos, instalaciones, los líderes y los eslabones débiles, una manera de entrar y vulnerar todo el sistema…

Como si se tratara de algo poético, me enamoré de una chica de mi subdivisión que se había convertido en mi compañera. Ella realizaba dibujos exactos de lo que yo le narraba acerca de las grisáceas y oscuras extracciones de petróleo o de las amargadas caras que siempre estaban acompañadas de un cigarrillo, para que luego las demás divisiones tomaran esa información y pudieran planear el golpe…

Tiempo después, a mis 21 años, con mi trabajo prácticamente hecho al haber recopilado la información necesaria, me retiré junto con ella, con la promesa de dejar todo nuestro mundo atrás y empezar de nuevo. Su nombre era Rosa. Tenía los ojos más grandes y hermosos que jamás vi, una sonrisa que venía acompañada siempre de alguna caricia de sus delicadas manos… Era muy buena en lo que hacía, éramos un gran equipo… Poco a poco nos volvíamos más íntimos, siempre hablando de como llegamos ahí, qué haríamos si saliéramos… Poco a poco planeamos una vida juntos. Tuvimos una pequeña hija, Linda… Era igual a su madre… Con una sonrisa iluminaba toda la habitación. Siempre estaba correteando, jugando con todo lo que se encontraba, siempre tratando de investigar por su cuenta cómo es que funciona el mundo. Vivíamos bien, sentía que estaba progresando y veía un nuevo camino. La revolución había dado frutos y ellos nos daban una pequeña pensión que nos bastaba para vivir. Pero no todo iba a ser tan fácil, lo habíamos logrado sin pagar un precio que pronto sería cobrado… Los alemanes regresaron a recuperar lo que habíamos tomado y cada vez había más muertos en C.H.A.O.S, aunque ya no era mi guerra. Más tarde ellos consiguieron todos los datos de los que alguna vez habíamos estado en servicio. El 21 de marzo de 1978 vinieron por mí y por mi esposa… Tumbaron… Derribaron… la puerta mientras yo preparaba el desayuno con mi hija para sorprender a Rosa por nuestro aniversario. O´brien, el mismo idiota, ahora a cargo de la compañía de petróleo, junto a tres hombres más, me escupió primero y después me gritó:

¾Cámara humana, me costaste muchos millones. ¡Grábate esto y que nunca se te olvide!

Luego, entre dos hombres grandes, calvos y fornidos me sostuvieron contra la pared mientras gritaba y trataba de escapar… El maldito bastardo entró a la habitación y tomó a mi… a mi… pequeña… También a mi esposa… Las… Las… atacó… las… violó… Y yo… Cada vez que yo trataba de voltear o de oponer resistencia, el tercer hombre que era igual de voluptuoso, me electrocutaba y me empezaba a golpear… ¡Me obligaron a ver todo lo que Charles hacia a mi familia!... ¡Malditos!...

No describiré todas las atrocidades que O’Brien me hizo, no vale la pena No encuentro explicación de por qué no me mató… Quizás el castigo era dejarme vivo… Desde ese día no he podido vivir con mi existencia, el mundo perdió su color. Y puedo decir con certeza que nunca más he vuelto a sonreír como lo hice hace unos momentos, después de haber matado a este bastardo alemán lentamente, ver sus ojos de terror que desesperadamente se querían escapar de su cuerpo mientras le quitaba las piernas y los brazos hasta llegar, sin prisa, a su cuello… No… no busco su compasión… Mucho menos busco perdón… Solo soy un maldito con insomnio…

 
 
 

1 comentario


Antonio Gomez Sanchez
Antonio Gomez Sanchez
29 jul 2021

Nicolás, ¡qué tremendo texto! Sorprende la tesitura y la calidad de las descripciones para tu edad. El contenido es fuerte, desgarrador, soberbio y al mismo tiempo inquietante, atrapante, impresiona. Dan ganas de seguir sabiendo qué pasó con el pobre de Adriel y cómo pudo por fin manejar su inmensa tristeza y desolación, luego de haber matado a O`Brien. Me imagino que las imágenes densas recorrerán su cabeza por mucho tiempo. ¡Gracias por compartir tu imaginación y tus buenas historias!

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