top of page
Buscar

El perro sin dueña (primera entrega)

  • elartedeescribir20
  • 8 jul 2021
  • 2 Min. de lectura

Actualizado: 15 jul 2021

Autora: Julieta María Legarda


Diseño imagen: Ayu V. Gómez.


1. La pérdida

Mi nombre es Congo, quizás mi dueña me puso así porque soy un perro negro, orejón y con ojos cafés, recuerdo que cuando era pequeño era muy llorón en los momentos en que no sentía a mi dueña cerca de mí y siento que aún lo soy, bueno, y hablando de tristeza, esta es la historia donde todo empezó mal:

Era lunes. Por alguna extraña razón mi dueña corría mucho, venía con una maleta muy pesada y un peine rosa. Finalmente, abrió una puerta donde había un maestro que la miraba fijamente, y yo, escondido detrás de la maleta miraba al maestro.

El profesor explicaba estrictamente como evolucionaba el ser humano, yo seguía detrás de la maleta porque los gestos del profesor me causaban un poco de miedo, sin embargo me parecía muy interesante aunque no entendiera nada, como es que los humanos antes fueron animales como yo.

Cuando terminó la clase, mi dueña caminaba normal mientras que esperaba el cambio del semáforo. Justo en el momento en el que ella pasaba tranquilamente, pasó un carro a toda velocidad y la atropelló.

Y así fue como perdí a mi dueña.


2. El mejor amigo y su compañera

Después, me acerqué a una calleja donde había un perro bravo que me dijo con voz siniestra:

-Tú que te atreves …tú que te atreves…

Y yo le dije:

-¿De qué?

-De entrar a mi calleja… de entrar a mi calleja…

-Ok , necesito que me ayudes, estoy perdido.

-No lo haré… No lo haré…

En ese momento sentí más miedo que nunca, mi dueña siempre me protegía de otros perros y en especial de otros humanos, por eso, decidí contarle cómo había perdido a mi dueña, cómo la había conseguido, cómo vivía en una casa y cómo se sentía tener un dueño.

Y bueno, así fue cómo, después de tanto pleito, lo logré convencer de que me enseñara a pasar una calle.

Mi ahora amigo, del cual nunca supe el nombre, me enseñó varias cosas para sobrevivir: cómo protegerse del frío, cómo buscar un poco de comida y dónde podría beber agua en caso de tener sed.

También me presentó a una amiga, ella parecía que le gustaba tener muchos amigos, porque apenas me vio, se escuchaba el latido de su corazón e intentó jugarme mordiéndome una pata, yo por un momento estuve muy feliz, pues ella, mucho más grande que yo y con un color muy diferente al mío, me daba protección, hasta por momentos sentí que era mi dueña de nuevo; esta nueva amiga, entre lo mucho que sabía, sabía muy bien cómo pasar una calle. Ella me preguntaba una y otra vez cómo era mi dueña y si yo era feliz con ella y yo le contaba mil historias. Entonces, entre tanta charla me enseñó y fui practicando hasta lograrlo.

Se preguntarán por qué yo quería pasar una calle. Pues porque lo necesitaba para protegerme, para poder deambular por una calle tranquilo, para poder ser independiente y porque ya no tenía una dueña.


Si quieres saber cómo continúa esta historia escrita por Julieta, suscríbete a nuestro blog y te contaremos cuándo publicaremos la segunda entrega...

 
 
 

Comentarios


¡Escribe aquí tus comentarios sobre nuestras historias!

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
bottom of page