Quiero que a mi hijo se lo lleve un globo
- elartedeescribir20
- 8 jul 2021
- 2 Min. de lectura
Actualizado: 15 jul 2021
Autor: Samuel Naruto.

Ilustración: Ayu Violeta Gómez.
Mi hijo, un pequeño hiperactivo de cinco años, siempre tenía una sonrisa de oreja a oreja, sin importar lo que le ocurriese; así se diese un tremendo golpazo, siempre se moría de la risa. Sus azulados ojos me transportaban a un enorme mar sin fin; su cabellera rubia lisa y corta me deslumbraba con su brillo; su suave piel albina me relajaba; su pequeña estatura ⎯y lo flaquito que era⎯, me llevaba a un viaje sin retorno hacia mi lejana infancia. Me gustaba vestirlo bien elegante, como si fuera a ir al evento más importante de su vida, con un corbatín negro, muy decorativo, un bléiser negro como las letras del presente escrito, un pantalón negro de hilo que embellecía sus piernecitas cortas, una camisa blanca de manga corta que me cegaba con su enorme resplandor, y un par de zapatos de cuero negros, de punta, como los del camarero de un hotel lujoso. Todos los días, por la mañana, lo llevaba a la peluquería de don Rodrigo para que me lo peinara.
Pero no todo era color de rosa. Un día, los neurólogos le diagnosticaron autismo, razón por la cual mi esposo nos abandonó y entonces me tocó a mí sola asumir la responsabilidad. Desde entonces no hubo día en que no recibiera alguna queja del jardín. La casa era un completo caos: había juguetes tirados por todo lado, todo se hallaba roto y él se la pasaba pegando unos gritos ensordecedores. Todo esto, en medio de la desesperación, me llevaba a pronunciar la siguiente frase: “Quiero que a mi hijo se lo lleve un globo”.
Hoy por hoy hubiese preferido nunca haber pronunciado aquella frase, pues las palabras tienen poder, ya que un día mi hijo vio por la ventana a un payaso vendiendo globos rojos. Mi hijo salió corriendo de casa con los pies descalzos y el payaso, al verlo, se lo llevó con él para, después de meses de angustia, regresarlo en un cajón.



https://www.youtube.com/watch?v=QUv8KN1eHqc
¡Samuel! Qué triste historia... es cierto que las palabras tienen poder... tengo una manía de andar buscando referencias, hacer comparaciones... es una herencia materna que, aunque desprecio, también poseo... pensé en un cuento llamado EL GLOBO, es de una autora e ilustradora que me encanta, se llama Isol... el cuento tiene un humor particular, ¡te lo súper recomiendo! Incluyo en otro comentario el link para que lo veas. Un abrazo, adelante con el ejercicio creativo :)