top of page
Buscar

Humedal El Jaboque: el paraíso que aún respira

  • elartedeescribir20
  • 26 nov 2021
  • 9 Min. de lectura

Por: Nicolás Roy Cely

Fotografías: Nicolás Roy Cely


Todos los días la gente pasa. Cada uno dirigiéndose a su destino, hablando por teléfono, conversando con la persona que tienen a su lado o pensando en lo que harán después y, en el fondo, está el sonido de los autos, los pasos de la gente, las voces y el aleteo de las palomas que se posan en los cables. Todas en fila, observando como seres omnipresentes esos humanos se mueven en su pequeño mundo, ignorando lo que en sus narices se encuentra. O tal vez lo ven, pero no como realmente es.

Sin embargo, entre esas personas están mi madre y mi abuelo, quienes un día mientras caminábamos junto a él, contaban como el Humedal el Jaboque alguna vez fue hogar de gran cantidad de aves y lleno de agua transparente donde las personas podían beber y nadar. Donde llegaban aves extranjeras las cuales mi abuelo conoce las especias de algunas. Un lugar que ellos conocieron junto a mi abuela y mis tíos cuando llegaron a Villas del Dorado, barrio donde se encuentra aquel paraíso que muchos aun confunden con el nombre de caño. A lo mejor porque sus antepasados olvidaron como fue alguna vez. O porque aun sabiéndolo jamás se los contaron. Lo cual me hace pensar en lo afortunado que soy de que en mi familia ahí quienes aún recuerdan como era, y se tomaron el tiempo de contármelo.

Yo por mi parte, conocí aquel lugar en su peor estado. Con esos conteiner que el gobierno colocó con el propósito de lograr que la basura disminuyera, pero que fue un fracaso absoluto ya que se volvió el paradero de más basura donde la gente deja sus desechos aun cuando la capacidad ya ha llegado a su fin, cosa que dijo mi madre y la gran mayoría de personas que entrevistamos alrededor del humedal, y tienen razón. Además, gracias al gran aumento de la basura se acumulan muchos chulos los cuales parecen haber descubierto un suministrador de comida en esos contáiner, y probablemente en el pasto que está a su alrededor, el cual está lleno de bolsas, colchones, ropa vieja de algún habitante de calle y balones que personas perdieron. También, cada vez que pasamos por el pequeño puente que conecta las dos partes del Humedal, se puede ver la basura amontonada en grandes cantidades sobresaliendo en el agua. Como continuamente pasan restos de madera y animales muertos flotando en el pequeño canal de aguas negras que rodea al Humedal. Aquella agua que se terminó y terminara mezclando con el agua que acompaña a toda la naturaleza del centro. Donde se encuentran aquellos animales que aún viven arreglándoselas con lo que encuentran allí.


E igualmente, como los demás, llegue a llamarlo caño. Hasta que, gracias a esta exploración y a mi madre, logre descubrir su verdadero nombre. Aquella exploración que nació del interés y la curiosidad que me generaba escuchar las historias que me contaban ella y mi abuelo. De como antes era tan limpio y como ahora el agua está tan oscura que nadie se atreve a meterse. Y no solo descubrí su nombre, incluso logré quitarme aquella venda de ignorancia para ver su belleza y apreciarlo más de lo que lo había hecho antes. Para darme cuenta como la gente sigue pasando cada día, manchando ese pequeño paraíso. El cual después de muchos años aun respira como puede en medio de una civilización de humanos.

Así que decidí indagar en su pasado empezando por contar lo que sabe mi abuelo de su historia. Lo cual narró así:

“Cuando llegamos a Villas del Dorado, hace treinta y un años, había pocas casas, se podían contar fácilmente. Antiguamente se encontraban sembrados de legumbres como lechuga, zanahoria, remolacha, papa, y alverja. Todo eso eran terrenos baldíos, pero en el año 1985 aproximadamente empezaron a urbanizar el terreno. Y luego esta el Humedal. Cuando llegamos no estaba canalizado. Pero con el tiempo lo hicieron para que circulara el agua de la lluvia. Asimismo, le metieron cañería, lo que causa que cuando llueve mucho el agua de las cañerías se mezcla con la de la lluvia, haciendo que se contamine.

El Humedal era más bonito cuando era más natural. Ahora las autoridades no le ponen cuidado, y se está tapando de mugre, basura y maleza. También, he visto tinguas pico rojo, pico blanco, pico amarillo, garzas blancas, amarillas, curíes, y, además, otros animales que antes no había visto. En cuanto a la alcaldía, solo una vez al año vienen a limpiarlo, pero son muy contadas las veces”.

Luego de ahondar más a fondo en lo que sabia mi abuelo, caminé por las orillas del Humedal, y me encontré con una vieja casa en la que decidí tocar su timbre. Pasados de unos momentos apareció en el hueco de la polvorienta ventana un hombre al cual los años lo habían llenado de arrugas y transformado su voz en una mas desgastada. Y en seguida de presentarme, empecé a escuchar los recuerdos de aquel hombre llamado Carlos Garces:

“La avenida que va desde Engativá hasta la ochenta era parte del Humedal. Los barrios, tiendas y carreteras que construyeron a lo largo de los años fueron relleno, toda el área edificada. Solo había un yacimiento en la esquina cerca de mi casa, y también cada cien o cincuenta metros aproximadamente. Todo era parte de la naturaleza hasta el barrio Garces Navas. Todo aquello lo conocí porque he vivido en tres casas diferentes años, en arriendo. En la primera etapa de Villas del Dorado. Viendo a través de mi ventana como el gobierno construyo todo lo que ven a su alrededor. Como me tiraban la basura al frente de mi casa, teniendo que mantener la boca cerrada porque la gente lo madrea a uno o le dicen sapo solo por decirles que saquen la basura el día que pasa el carro. Y esa basura es la que luego termina en el humedal. Y así ha ido incrementando con el tiempo, pero antes, no había gente viviendo cerca, todos permanecían en la vía Engativá. Solo por ese hecho, no había basura, no porque la gente fuera más limpia… A lo largo de estos años he podido presenciar aves migratorias Ahora lo único que queda es un 10% de lo que había hace treinta años. Para mí, ya no hay nada que se pueda hacer para arreglarlo. El Humedal murió cuando al gobierno le intereso más construir que preservar”. Cosa que no paro de repetir, igual que la frase: “Una golondrina no hace verano”.


También añadió: “Y aunque de vez en cuando vengan a limpiarlo no sirve, ya que el estado debería meter preso durante quince días a la gente que bote basura. Ya que lo único que han hecho es hacer rellenos. Mire lo que me paso a mi en Medellín. Iba caminando, me comí un dulce, y solté el papelito de un caramelito. Lo solté. Y un amigo, atrás. Sin conocerme, sin conocerlo. Un amigo, de la ciudad, no mío, me dijo: Señor, esto se le cayó, de pronto a usted le hace falta… Que cachetada me dio. Por eso es que muchos no quieren a los Antioqueños, ellos si cuidan su ciudad”.

Después de escuchar mas cosas sobre aquel pasado, me tope con una señora quien vive hace treinta y dos años al frente del Humedal. Contaba que cuando llegaron a ese barrio había muchos perros que rondaban en los alrededores, pero que con el paso del tiempo se desaparecieron. Incluso veía aves llamadas “las monjas” las cuales tenían un pico amarillo y un cuello negro. Por último, lo más interesante que dijo fue que en el interior del humedal había gran cantidad de árboles que poco a poco se fueron esfumando.

Pero en medio de todo eso están aquellos quienes hacen lo que pueden, o que al menos sueñan con hacerlo, como mi abuelo, o mi madre, quien un día me dijo como le gustaría recoger la basura del pasto que rodea el humedal y reunir un grupo de gente para hacerlo, pero no hemos podido. O como la iglesia que ordeno la basura de los conteiner colocando llantas que en su interior tienen tierra, lo que me hace pensar que lo hicieron para plantar algún tipo de planta, y no solo eso, si no que pusieron un letrero gigante para concientizar a la gente. O como Raúl Fuken quien vive hace 15 años cerca del humedal, quien nos contó lo que sabía de su historia:

“…la sabana de Bogotá era un Humedal gigantesco, entonces la geografía de la flora y fauna de esta ciudad era un Humedal. El lugar donde yo vivo es un lugar que se empezó a extender la parte de terreno para hacer la parte de vivienda más. Y el estado lo que hizo fue tratar la ultima parte que quedaba del humedal. Entonces anteriormente lo que se veía era un lugar donde se veían animales y era húmedo, pero no tenía tanto conocimiento. Entonces lo que hicieron después para tratar de proteger fue generar un canal unos kilómetros hasta llegar al rio Bogotá. Pero eso afecto y mejoro el ecosistema. Afecto en el sentido de que se tuvo que hacer obras. Y mejoro en el sentido de que se dividió las aguas lluvias de las aguas del humedal. También he podido notar que traen animales externos y se reproducen. Además, lanzaban peces y ellos se reprodujeron. En cuanto al gobierno, ellos hacen una contratación para el mantenimiento, y lo que hacen los de mantenimiento es aumentar los espejos de agua en ciertos lugares, pero no se que tan buena sea esa intervención”.

Pero a pesar de ser alguien que sabe de su pasado, ha convivido mas tiempo con su presente, llamándose a si mismo un “fanático de la flora y fauna”, viendo las dos clases de tinguas que ahí, roedores parecidos a ardillas, gavilanes, poches, salvando ranas y culebras, tomando fotografías de búhos y colibríes. Igualmente, por lo que ha cambiado la temperatura ambiente hace que los animales viajen, según nos contaba, causando que pudiera presenciar patos canadienses que llegan a pasar su verano y garzas azules que vienen desde Centroamérica y del Caribe.

Por demás, nos contó una anécdota que le sucedió en el Humedal:

“La gente les da comida a los animales sabiendo que no son animales domésticos. Además, he visto que la gente lastima a los curíes y los he capturado y los he tratado de salvar. Entonces la gente los confunde con una rata entonces los lastiman y los matan. De hecho, hace poco vi un ave migratoria que la soltamos porque alguien la había cogido. También, yo salgo a trotar y recorro siete kilómetros del humedal, y cada vez que veo a un animal lo asusto para generarle el instinto de que nosotros trataríamos de hacerles daño para que no se acerquen a nosotros”

Otra persona que hace lo que puede vive en una gran casa que, en su pared, tiene pintado un gran mural con todas las especies de aves que allí se encuentran junto a sus nombres. Cosa que me llamo la intención, así que luego de tocar su timbre me encontré con Lilia Pulido quien vive hace 15 años y nos narró la razón de aquella pintura así:

“Ese mural lo mandamos pintar con los señores de aguas Bogotá. Es una entidad que se encarga del cuidado del Humedal, porque a pesar de que la gente está aquí cerca, no considera que es un pulmón. El humedal lo mandamos pintar haciendo énfasis en que lo debemos cuidar, ya que vienen muchas aves migratorias. Los hombres de aguas Bogotá tienen un proyecto que lo vienen haciendo hace 10 años sobre limpiar los humedales. Usted los puede ver sacando sillas, colchones, llantas, ¿que no sacan del humedal? Entonces nosotros tratamos de que la gente colabore. La vez pasada colocaron canecas, pero ya no están. También vemos campañas, no se quien las hace, son el fin de semana, no se si es un colegio o una universidad, pero vienen uniformados y con bolsas para limpiar. Pero aguas Bogotá es la que lo limpia adentro”.

De la misma manera me tope con Jairo Villamil, Driver acuña, Javier inestrosa, Karina cely, y Edilma. Quienes igual que los demás, coinciden en que llegan indigentes con sus carros a votar basura enfrente de sus casas, pero tienen miedo a decirles algo, como narro Jairo Villamil, o que salen a barrer en sus casas, como dijo Javier inestrosa, o que vienen taxistas a orinar en el pasto, como me comento la señora Edilma. Todos ellos son los pocos que no parecen ignorar lo que en sus narices se encuentra. Y me hacen pensar que hay mas como ellos, opacados por las masas de gente que en su paso continúan manchando ciegamente aquel humedal.

Pero, aunque la basura lo haya manchado durante años, cada vez que me dirijo hacia mi colegio puedo ver como el sol y el sonido de las aves que nadan sobre el agua le dan un aspecto mágico a la vez que las plantas que aun se mantienen resaltan su belleza. Aquellas plantas que después de mucho tiempo siguen llenas de vida, y aquellos animales siguen conviviendo sin rencor hacia una especie que destruye su pequeño mundo. Solo viven, y puedo escuchar el sonido de vida cada vez que paso por ahí, y también en las noches, cuando el cielo gris se asoma sobre la naturaleza que duerme en la oscuridad. Agradecido por poder presenciar aquel paraíso invisible en cada mañana.


FIN


 
 
 

Comentarios


¡Escribe aquí tus comentarios sobre nuestras historias!

Thanks for submitting!

© 2023 by The Book Lover. Proudly created with Wix.com

  • Facebook
  • Twitter
bottom of page