El perro sin dueña (segunda y última entrega)
- elartedeescribir20
- 11 sept 2021
- 6 Min. de lectura
Autora: Julieta María Legarda

Ilustración: Samuel Heshusius Barrera.
2. El mejor amigo y su compañera
Después me acerqué a una calleja donde había un perro bravo que me dijo con voz siniestra:
⎯Tú que te atreves …tú que te atreves…
Y yo le dije:
⎯¿De qué?
⎯De entrar a mi calleja… de entrar a mi calleja…
⎯Ok , necesito que me ayudes, estoy perdido.
⎯No lo haré… No lo haré…
En ese momento sentí más miedo que nunca, mi dueña siempre me protegía de otros perros y en especial de otros humanos, por eso, decidí contarle cómo había perdido a mi dueña, cómo la había conseguido, cómo vivía en una casa y cómo se sentía tener un dueño.
Y bueno, así fue cómo, después de tanto pleito, lo logré convencer de que me enseñara a pasar una calle.
Mi ahora amigo, del cual nunca supe el nombre, me enseñó varias cosas para sobrevivir: cómo protegerse del frío, cómo buscar un poco de comida y dónde podría beber agua en caso de tener sed.
También me presentó a una amiga, parecía que a ella le gustaba tener muchos amigos, porque apenas me vio, se escuchaba el latido de su corazón e intentó jugar mordiéndome una pata. Yo por un momento estuve muy feliz, pues ella, mucho más grande que yo y con un color muy diferente al mío, me daba protección, hasta por momentos sentí que era mi dueña de nuevo.Esta nueva amiga, entre lo mucho que sabía, sabía muy bien cómo pasar una calle. Ella me preguntaba una y otra vez cómo era mi dueña y si yo era feliz con ella, y yo le contaba mil historias. Entonces, entre tanta charla me enseñó y fui practicando hasta lograrlo.
Se preguntarán por qué yo quería pasar una calle. Pues porque lo necesitaba para protegerme, para poder deambular por una calle tranquilo, para poder ser independiente y porque ya no tenía una dueña.
3. La despedida y el hogar provisional
Después de una larga semana con mi amiga, porque a mi amigo nunca lo volví a ver, llegó la hora de la despedida y justo era lunes, justo el día que perdí a mi dueña. Con llantos, me despedí de mi amiga pues ya quería tener un hogar a pesar de que esta semana en la calle no la pasé tan mal, pero extrañaba a mi dueña, y pensé que alguien, así como ella lo hizo cuando yo era pequeño, podría recogerme y tener un nuevo hogar. Después, durante mucho tiempo, me la pasé buscando un lugar para sobrevivir, esperando que alguien se fijara en mí o que mi dueña regresara del lugar para donde se había ido, un lugar que seguramente yo no conocía; bueno, hasta que encontré el lugar perfecto. Era oscuro para dormir en la noche, tenía muchas cajas para acomodarme y mucha chatarra que me serviría para no sentir frío.En este nuevo sitio se sentía el olor a pan fresco, ya que había un letrero que decía “Pan del Abuelo”, seguramente alguien a quien le pareciera simpático, me regalaría un pan o porque no, un pedazo de salchichón, y este lugar, aunque no estuviera con mi dueña, era un cómodo.
4. La perrera
Ya me estaba acomodando en mi nuevo sitio, aunque esa noche no tuve suerte, nadie me dio pan, y solo encontré un pedazo de queso podrido en la basura que estaba en la chatarra de mi nueva casa. Cuando eran las 8 de la mañana, me despertó mi amigo asustado…el que no había vuelto a ver:
—Son ellos … son ellos
—¿Quiénes?
—La perrera…la perrera
— ¡Oh no!
Rápidamente, nos escondimos debajo de unas cajas de cartón, hasta que llegó una gata muy curiosa:
—Conozco un atajo…
—¿Cuál? —dijo mi amigo, aliviado
—Pasen la calle, si van a mano izquierda encontrarán un camino corto y luminoso, pero, los encontrará muy fácil la perrera y si van por la derecha, será todo lo contrario y no los encontrará la perrera— dijo la gata curioseando mi nueva casa.Yo no sabía si hacer caso, en un momento pensé que sería una trampa para que ella se quedara con mi casa, fue de las muchas cosas que aprendí de mi amiga la semana anterior.
—¿Qué hacemos? Dijo mi amigo otra vez con cara de susto
Ya se veía el señor gordo, con gorra y con mala cara, buscando por todas partes, hasta podía sentir su olor a “Pan del Abuelo”, seguro, antes de seguir buscándonos, paró a comerse un pan cerca de mi nueva casa, hasta pensé que me traería un pedazo.
Pero no, estaba empeñado en encontrarnos, y cada vez lo sentíamos más cerca, mi amigo, seguía con su cara de asustado debajo de una caja vieja, sin saber que hacer.
—¡Decide algo! — le grité
Mi amigo le dijo a la gata que seguiríamos sus consejos, y decidió seguir su camino a la derecha que era todo lo contrario a lo que queríamos, pero nadie nos iba a encontrar y así fue como salimos corriendo.El señor gordo veía correr dos animales frente a sus ojos, seguía persiguiéndonos, pero nosotros corríamos a toda velocidad.
Recuerdo que corrimos mucho, durante mucho tiempo, al final comprendimos que nos había dado un buen consejo porque ya nadie nos perseguía y solo teníamos al frente un lote abandonado.
5. El encuentro
Era un lote con muchos árboles, se escuchaban muchos pájaros y en algunas ocasiones se escuchaban gatos maullando.Era muy caluroso, tanto que a veces sentía que necesitaba beber tanta agua para que mi cuerpo quedara muy lleno y no necesitara comer, eso también me lo enseñó mi amiga; y junto con mi amigo encontramos una caneca, el agua no olía tan bien y tenía un color verdoso, pero fue suficiente para calmar nuestra sed.
Esa noche dormimos en aquel lugar, debajo de un árbol, de repente me despertó un maullido muy parecido a la gata curiosa que nos salvó de la perrera, y sí, era ella, curioseando de nuevo, amable y, como nosotros, con mucha hambre.
Volvió a indicarnos un nuevo camino, esta vez, para conseguir un poco de comida, pero como el anterior, era un camino oscuro y con muchos alambres y chuzos.
Caminamos y caminamos con mi amigo, aún no encontrábamos nada, y de repente:
—Ahhh! — siento como un alambre chuza mi pata delantera derecha
—¿Uy que pasa? — dijo mi amigo
—Me chucé con un alambre, es muy doloroso—
Durante el camino, estuve cojeando, intentando acompañar a mi amigo y esperando encontrar algo de comer, hasta que por fin llegamos, había muchas canecas y llantas llenas de comida y manjares que la gente había despreciado. Comimos hasta quedar satisfechos, comí cosas que mi dueña nunca habría permitido: gordos de carne, salchichón, huesos de pollo, huesos de pescado.
A pesar de que estábamos llenos, mi pata estaba cada vez peor, ahora la veía muy inflamada y sentía una mezcla de ardor y dolor, ya definitivamente no podía caminar más. Mi amigo trataba de ayudarme lamiéndome la pata, echándome agua que encontró, pero yo estaba muy mal.
De repente, ya veía borroso a mi amigo, sentía cómo mi cuerpo estaba cerca de él, pero algo dentro de mí se estaba moviendo a otra parte, luego, dejé de sentir a mi amigo, ya no sentía ardor ni dolor, sentía como algo me subía y me subía, como cuando mi dueña me acariciaba la espalda.
Luego me sentía en un lugar muy alto, muy luminoso, donde ya no sentía sed, ni hambre, ni frío, ni calor, parecía estar satisfecho, allí había otro mundo, pero todo lo que había estaba bien, de pronto, sentí una voz, una voz conocida y, extrañamente, por primera vez entendía lo que decía:
—¿Congo? ¿Congo? ¿Qué haces aquí? — y yo le entendía, le entendía todo, ya no teníamos idiomas diferentes. Era ella, era mi dueña, sonriente como siempre, pero ahora entendía todo lo que me decía, por eso decidí hablarle.
—¿Eres tú? ¿Me entiendes? —
—Sí, Congo, soy yo, ¿por qué estás aquí? — recordé que era muy llorón, me dio mucha emoción volverla a ver, pero ahora no sentía tristeza, ni me salían lágrimas.
¾Sí, soy yo, Congo— y fue así como ella me abrazó, estuvimos así mucho tiempo, tanto tiempo que creo que fue el mismo que estuve sin ella.
¾Ahora que podemos entendernos, me dijo mi dueña, ¿que quieres que te cuente?
—Yo siempre quise saber tu nombre
—Me llamo Luna — mi dueña se llamaba Luna, nos volvimos a encontrar para siempre, ya no teníamos una casa, estábamos en otro lugar, pero juntos.
Han pasado algunos años, no dejo de recordar a mi amigo y todo lo que viví en esas dos semanas, a Luna le conté todas estas historias que la hacían reír mucho y desde aquí tenía la oportunidad de ver a mi amigo, supe que sí lo era porque escuchaba sus lamentos, espero volverlo a ver.



Hola, Julieta, me gustó mucho toda la historia de "El perro si dueña". me gusta mucho que sea el perro el encargado de contar la historia y todas las aventuras que tiene. Los diálogos que creaste son muy llamativos y en algunas ocasiones me hicieron sonreír.
También me gusta que uno de los temas del cuento sea la amistad, y cómo vienen y van algunos amigos y amigas y la importancia que tienen para cada quien. De hecho, no pude dejar de pensar en algunas buenas amistades, mientras te leía.
Saludos y no dejes de escribir.
Diego Cote.