El monstruo debajo de la cama
- elartedeescribir20
- 11 sept 2021
- 3 Min. de lectura
Autor e ilustrador: Samuel Heshusius Barrera

Sebastián era un joven de 17 años y único hijo de sus padres. Desde que era un bebé fue criado solo por su papá, pero ahora lleva 2 semanas viviendo con la racista de su madre. Sebastián todos los días soñaba con la misma pesadilla de gigantes destruyendo todo hasta que, repentinamente, se acercaba una niña a calmarlos.
Cuanto falleció su padre, Sebastián se fue a vivir con su mamá, pero ¿cómo ella no lo iba a aceptar? Teniendo en cuenta su aspecto físico, especialmente su pelo rubio y su piel blanca, era imposible que ella lo despreciara. Pero bueno, ninguno de los datos anteriormente narrados es importante para el resto de la historia, solo los escribí por puro relleno, y a pesar de que no acostumbro a hacerlo, quise ponerlos a ver qué tal me va, solo por experimentar, y pues ya que estoy en la edad de la experimentación… bueno esto ya está de más.
Sebastián estaba preparándolo todo para irse a estudiar psiquiatría a Sudáfrica, por lo cual había tenido discusiones con su mamá últimamente, y no por la profesión sino por el lugar donde iba a estudiar, pero él ya estaba matriculado y los pasajes para viajar de Madrid, España, Johannesburgo, Sudáfrica, ya estaban comprados. Así que ya no había nada qué hacer, y Sebastián tuvo que partir viendo la cara de puño de su madre.
Al llegar a Sudáfrica resultó que todos sus compañeros eran negros excepto uno, su nombre era Hedrik Francis Opero Denco, pero todo el mundo le decía Francis, ya que el nombre Hedrik puede sonar algo harrypottersco, y a él no le gustaba Harry Potter, así que se presentó con él y lo del nombre fue aclarado. Francis era un chico blanco, de pelo rubio largo y liso, el cual siempre tenía cogido, de ojos cafés, alto y flaco. Como era el único que no era negro, era el único que su mamá aceptaría, y por tanto era con el que más hablaba. A tal punto que le habló de su sueño, cosa que solo le había comentado a su fallecido padre.
El tiempo pasó y Sebastián y sus compañeros se graduaron de la universidad. Luego Sebastián se casó con una mujer negra llamada Amola Shoro Cansi, y por ello perdió por completo contacto con su mamá. Luego Sebastián y Amola se pusieron a buscar trabajo y hogar. Amola consiguió trabajo, pero Sebastián no pudo conseguirlo en su profesión y se vio obligado a trabajar de cajero en un supermercado. En las madrugadas, Sebastián, como cosa rara, despertaba gritando, y recordaba cuando de chico le pasaba lo mismo e iba a abrazar a su papá y dormía con él, pero ahora estaba solo. Al cabo de dos meses consiguieron una cabaña en medio de la selva, y un año más tarde Sebastián consiguió trabajo, y así fue como empezaron a hacer su vida luego de 11 once años de haberse graduado.
Una mañana Amola se levantó bien temprano a recoger fruta. Cuando Sebastián se levantó vio que Francis estaba debajo de la cama, así que puso la típica cara de asustado, y le preguntó:
-¿Qué haces aquí?, ¿cómo llegaste?
Francis salió y dijo:
-Oye, ¿me podrías contar de nuevo de tu sueño?... tranquilo es broma. No es necesario, la verdad es que nuestro profesor de la universidad, en una tutoría que me hizo, me enseñó un método para atrapar a una persona en una etapa de su vida, así que quise experimentar contigo. Hagamos esto como un juego entre amigos, ¿vale?
Chasqueó los dedos y Sebastián empezó a correr y a gritar como un niño, abrazaba a Hedrick (perdón si lo llamo así, pero es que me da rabia lo que hizo).
Sebastián comenzó a decirle papá. Al rato llegó Amola y al ver a Francis en su casa, a Sebastián actuado como niño y diciéndole con voz aguda “mamá ven a jugar”, se le hizo muy raro, así que Francis, le explicó todo y le dijo:
-Tú lo tendrás que criar, ten en cuenta que tú envejecerás y él también, pero con la diferencia de que él solo lo hará físicamente. Él actuará como niño de hoy en adelante hasta su lecho de muerte, y lo mejor de todo es que no hay forma de revertir el método. Si hubiera forma, te la diría, pero no la hay, así que lo siento mucho, pero no hay nada qué hacer al respecto. Entonces Amola dijo:
-¡Qué más da! Lo criaré, pero con la condición de que desaparezcas para siempre de nuestras vidas.
Así fue como Hedrick desapareció para siempre de las vidas de Sebastián y Amola.



Hola, Samuel: de tu cuento me gustó mucho la forma en la que el narrador aparece en la historia, haciendo las veces de narrador y las veces de autor, preguntándose y haciendo comentarios en paréntesis. En últimas, experimentando, como lo hacen también los personajes de cuento.
El final es muy bueno, en realidad logra el efecto de estremecer y cierta solidaridad y compasión por Amola y Sebastián.
Saludos.